Los terrenos de la antigua térmica son, sin duda, un lugar singular por la presencia dominante del mar; él será, por tanto, el condicionante máximo y fundamental de Oliveros-La Térmica.
Las viviendas deben ser invadidas, penetradas, inundadas por la brisa, el rumor, la luz y el color que vienen de nuestro mar, y su imagen cambiante, siempre renovada, siempre distinta, será también una presencia constante. Los espacios interiores dominarán el “azul” desde la playa al horizonte y recibirán el soleamiento que determina su orientación al Sur.
Con objeto de conseguir la mayor visibilidad desde todos los ángulos, ofreciendo un frente abierto al mar, Oliveros-La Térmica se configura como una edificación exenta, rodeada de amplios espacios libres privados, con usos deportivos, piscina y áreas de juegos para niños.
Todo esto se integra por medio de superficies verdes, sobre las que discurren sendas que definen los accesos a cada edificio, desde el control de seguridad que se sitúa en el punto de entrada al complejo.
Las plantas de viviendas dominan el máximo de superficie marina a través de espacios diáfanos estructurados con la mayor amplitud. Es común a todas las viviendas la intención de visualizar el mar en una solución de escalonamiento de planos de fachada con ventanas en esquina, cuya visión diagonal amplía las habitaciones.
La ordenación de volúmenes se realiza mediante edificios aislados que se levantan sobre un basamento amplio bajo el que se localizan, en el frente marítimo, usos comerciales y, en el resto, superficies para aparcamiento
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